La formación se estructura como una secuencia con sentido, donde cada práctica se apoya en la anterior y prepara la siguiente.
El recorrido avanza respetando los tiempos del cuerpo y la experiencia directa del practicante, integrando respiración, atención y práctica.
Cada etapa cumple una función dentro del conjunto, siguiendo la lógica del yoga clásico y un aprendizaje coherente.